Más de nueve millones de trabajadores están empleados informalmente en Argentina

La economía argentina está empezando a verse más ordenada en lo que respecta a la macroeconomía, pero esa mejora aún no se ha traducido en una recuperación clara del mercado laboral. Los niveles de desempleo se mantienen prácticamente en el mismo nivel que hace un año, pero hay señales preocupantes como el crecimiento del trabajo informal, que afecta ya al 44,4 por ciento de los trabajadores, o cuatro de cada nueve.
“Haciendo una analogía con el Mundial, la macroeconomía está ahora más ordenada pero el mercado laboral juega un partido diferente”, analizó Laura Caullo, licenciada en Economía y responsable del Departamento de Empleo y Política Social del instituto IERAL de la Fundación Mediterránea.
Advirtió además que hay provincias con un mercado laboral “dañado” que aún no se puede reactivar.
Según datos del INDEC, la tasa de desempleo de Argentina fue del 7,8 por ciento en el primer trimestre de 2026, prácticamente el mismo nivel que en el mismo período de 2025. Ese porcentaje significa alrededor de 1,8 millones de personas que buscan activamente trabajo en Argentina.
Según Caullo, el problema central no sólo reside en el número de desempleados sino también en la calidad de los empleos disponibles. “Hay suficientes empleos en Argentina. Lo que pasa es que los empleos que tenemos son de baja calidad”, sugirió.
El economista precisó que el trabajo informal afecta ahora a 44,4 por ciento, o nueve millones de trabajadores, todos ellos sin aportes a la seguridad social y pensiones, cobertura de riesgos laborales y otros beneficios asociados a la estabilidad del empleo formal.
Caullo describió el escenario actual como una “economía de dos frentes”. Por un lado, hay avances en un presupuesto equilibrado, una inflación más baja y una política monetaria reordenada. Sin embargo, por otro lado, el empleo parece ser el “actor perjudicado” de la recuperación, especialmente en actividades más intensivas en mano de obra.
“El jugador perjudicado hoy es el empleo y, en particular, aquellas actividades económicas intensivas en mano de obra”, afirmó Caullo. Como explicó, los sectores que impulsan la economía actual (combustibles fósiles, minería, servicios financieros y tecnología de la información) podrían no ser los principales creadores de empleo.
Esto es fundamental para comprender por qué la mejora de algunos indicadores macroeconómicos todavía no se siente con fuerza en los bolsillos de los trabajadores. Según Caullo, esos sectores representan, en promedio, apenas tres de cada 100 empleos formales; por el contrario, el comercio, la industria y la construcción albergan alrededor del 40 por ciento del empleo total en Argentina.
La otra cara es que esos sectores más intensivos en mano de obra todavía no muestran una reactivación lo suficientemente sólida como para impulsar una mejora generalizada del mercado laboral. Hasta que llegue esa recuperación, el empleo seguirá luchando por “volver al terreno de juego”, en palabras del propio economista.
Pluriempleo, subempleo, presión
Otro fenómeno creciente es la llamada “presión laboral”: personas que ya están empleadas, pero buscan un nuevo empleo, más horas de trabajo o encuentran un trabajo adicional porque los ingresos no son suficientes. Según Caullo, este comportamiento refleja el deterioro del poder adquisitivo de los hogares y la necesidad de incrementar los ingresos familiares.
“Cuando los ingresos de un trabajador no son suficientes en casa, más miembros de ese hogar empiezan a unirse a la búsqueda de empleo”, explicó. En ese mundo aparecen buscadores de empleo que buscan cambiar de trabajo, así como personas subempleadas que quieren trabajar más horas. Además de los desempleados, forman un grupo de más de 5,5 millones de trabajadores bajo presión laboral.
Del total, casi 2,5 millones son personas que ya tienen un trabajo pero aún están buscando otro. Caullo cree que esto confirma que el problema del mercado laboral argentino no termina con el desempleo absoluto; también incluye salarios insuficientes, empleos a tiempo parcial y una demanda creciente de mejores condiciones laborales.
En Córdoba, por ejemplo, la presión laboral afecta a más de un tercio de la población económicamente activa, mientras que el promedio nacional ronda la cuarta parte de la fuerza laboral.
“Los salarios no alcanzan, por eso presionan para cambiar de trabajo, aumentar la jornada laboral y de alguna manera llegar a fin de mes”, resumió Caullo.
Mujeres jóvenes: más empleos pero de menor calidad
El diagnóstico del trabajo informal tiene información más sensible: el desgaste golpea con más fuerza a las mujeres jóvenes. Un informe de IDESA advierte que la caída de la natalidad, fenómeno que también se da en Argentina, está impulsando una mayor participación femenina en el mercado laboral. Sin embargo, esa adición no se siente en el empleo formal sino principalmente en los empleos precarios o no calificados.
Según la encuesta, entre 2015 y 2025 se incorporaron al mercado laboral unas 220.000 mujeres de entre 20 y 29 años. Sin embargo, su inserción se centró en empleos informales: 140.000 se convirtieron en asalariados privados no registrados y otros 130.000 trabajaron por cuenta propia, mientras que el número de asalariadas formales se redujo en 50.000. Según IDESA, esto demuestra que las buenas noticias de una mayor implicación laboral femenina se diluyen por la debilidad de la demanda en empleos de calidad.
El informe también vincula esta tendencia con el llamado “dividendo demográfico”, una ventana de oportunidad mediante la cual la proporción de personas en edad de trabajar aumenta con respecto a los niños y los ancianos. Sin embargo, esa oportunidad puede desperdiciarse si la mayor oferta laboral no se produce en empleos registrados y productivos. En ese caso, como advierte IDESA, la mejora actual será limitada y el país acumulará pasivos hacia el futuro, cuando la población envejecerá de forma más acusada.
En línea con la sugerencia de Caullo, el trabajo de IDESA insiste en que una macroeconomía más ordenada es una condición necesaria pero no suficiente. Para revertir el trabajo informal, sugiere acelerar la reforma laboral, descentralizar la negociación colectiva, reducir los litigios laborales y establecer un piso impositivo para las contribuciones de los empleadores, especialmente para impulsar el empleo formal entre las micropymes (pequeñas y medianas empresas) donde se concentran muchos empleos informales.
Provincias y distritos
La presión laboral también muestra marcadas diferencias entre provincias. Caullo explicó que en algunas provincias del norte como Formosa, Santiago del Estero y Chaco se puede observar una menor fuerza laboral, asociada a economías más dependientes del sector público y con un empleo privado menos dinámico.
En el otro extremo aparecen los grandes conglomerados urbanos como el Gran Buenos Aires y Córdoba donde el mercado laboral es más activo debido a la densidad de población y del tejido productivo. Sin embargo, la presión laboral también es mayor allí porque la competencia por los empleos disponibles es mayor y las oportunidades insuficientes si se comparan con las aspiraciones de la población.
Así, el mapa laboral muestra una baja participación y un sector privado menos dinámico en algunas provincias. En los grandes centros urbanos, por el contrario, hay más movimiento pero también mayor presión sobre un mercado que no genera suficientes empleos de calidad.
Laborales y reformas pendientes
Consultado sobre lo que debe suceder para que el orden macroeconómico se traduzca en una mejora más visible del empleo, Caullo sostuvo que el camino iniciado por la reforma es “adecuado”, aunque aclaró que no habrá resultados mágicos ni inmediatos. También consideró que la reforma laboral podría ser un paso en la dirección correcta aunque insuficiente por sí sola.
“La reforma laboral, con ciertas restricciones que entiendo que son parte de la política, podría haber sido más ambiciosa pero es un paso en el camino correcto. Sin embargo, es una condición necesaria pero no suficiente”, argumentó. Para el economista, Argentina aún tiene reformas estructurales pendientes, entre ellas la tributaria y las pensiones.
Caullo remarcó que el país cuenta con empresarios, capital humano y condiciones de mejora, al tiempo que advirtió que la incertidumbre electoral sigue siendo un factor que afecta la marcha de la economía.
“Argentina se condiciona electoralmente cada dos años, lo cual no es menor (como riesgo)”, señaló, advirtiendo que las elecciones presidenciales del próximo año podrían volver a introducir tensiones en la actividad tras las elecciones intermedias del año pasado.
Por ahora, los datos sobre la mesa son concluyentes: el desempleo no se ha disparado pero la calidad del empleo se ha deteriorado. En una economía que busca mostrar signos de estabilización, el desafío sigue siendo transformar las mejoras macroeconómicas en empleos registrados, mejores salarios y mayor protección social.



