Obsesionado con Cuba, Marco Rubio quiere derribar el régimen comunista

Es su lucha o tal vez incluso su obsesión. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se ha consolidado como uno de los principales artífices de la firme política de Donald Trump hacia Cuba. En un contexto de crecientes tensiones entre Washington y La Habana, su compromiso se nutre también de su historia familiar y de sus orígenes cubanos.
En su autobiografía Un hijo americanopublicado en 2012, contó cómo le prometió a su abuelo, un exiliado cubano, que algún día derrocaría a Fidel Castro y liberaría a Cuba. Emily Mendrala, del think tank Dinámica Américas, cree que Donald Trump busca sobre todo “hacer historia”, mientras que “para Rubio es más personal. Obviamente dedicó su carrera a este tema, habló mucho de ello y llamó a la democracia en Cuba”. Los medios estadounidenses también lo presentan como el defensor de la estrategia de “máxima presión” contra La Habana, como recuerda Associated Press.
Bloqueo petrolero, sanciones y procesamientos
Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sujetas a embargo desde 1962, se han deteriorado aún más desde principios de año. Washington ha establecido un bloqueo petrolero, ha reforzado las sanciones contra varias empresas y funcionarios cubanos e iniciado un proceso contra el ex presidente Raúl Castro en un caso que se remonta a 1996. Al mismo tiempo, la administración estadounidense continúa su ofensiva ideológica contra el comunismo, del que Marco Rubio es uno de los principales portavoces. Donald Trump también considera que Cuba representa “una amenaza extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos. El jefe de la diplomacia estadounidense defiende periódicamente esta línea. “Lo único peor que un comunista es un comunista incompetente”, dice, acusando a las autoridades cubanas de mala gestión económica.
Está en particular en el origen de las sanciones contra el grupo Gaesa, vinculado al ejército cubano. Según Associated Press, la administración estadounidense presenta este conglomerado como una de las principales palancas económicas del poder cubano y afirma querer apuntar a las estructuras financieras del Estado más que a la población. El 20 de mayo, tras la acusación contra Raúl Castro, Marco Rubio también llamó a los cubanos a elegir “un nuevo camino” en un mensaje difundido en español. Según Reuters, también propuso “una nueva relación” entre Washington y el pueblo cubano, acompañada de una oferta de ayuda humanitaria, manteniendo el objetivo declarado de cambio de régimen.
Sus padres huyeron de Cuba a mediados de la década de 1950.
Nacido en Miami en 1971 de padres cubanos que abandonaron la isla antes de la revolución, Marco Rubio nunca vivió en Cuba. Muy cercano a la diáspora cubana en Florida, construyó una carrera política que lo llevó desde la Cámara de Representantes de Florida hasta el Senado de Estados Unidos. Destaca regularmente su origen familiar modesto y afirma encarnar el “sueño americano”.
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Esteban “Steve” Bovo, exalcalde de Hialeah, Florida, cree que Marco Rubio “conoce el sufrimiento del exilio cubano”, aunque juzga que “no será fácil cumplir con las expectativas” de esta comunidad. Esta proximidad al exilio cubano es presentada habitualmente por los medios estadounidenses como un elemento central de su carrera política y de su visión de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

