El País

Taty Almeida y la lucha por la memoria en la era Milei

La muerte de Lidia ‘Taty’ Almeida no sólo deja un enorme vacío en el movimiento de derechos humanos de Argentina, sino que también silencia una de las voces más activas y contundentes para desafiar al gobierno del presidente Javier Milei en la batalla sobre cómo el país recuerda la última dictadura militar.

A los 95 años, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora falleció el domingo en el Hospital Italiano de Buenos Aires, luego de dedicar los últimos años de su vida a confrontar narrativas negacionistas. Defendió las políticas de memoria, verdad y justicia, transmitiendo el legado del velo blanco a las generaciones más jóvenes.

Desde su llegada al poder, Milei ha promovido una narrativa crítica de las políticas de derechos humanos desarrolladas desde el regreso de Argentina a la democracia. Ha defendido la idea de una “memoria completa” y ha cuestionado lo que describió como una “narrativa” de décadas de antigüedad en torno a la última dictadura, erosionando así el consenso construido desde el histórico Juicio a las Juntas de 1985.

Almeida aprovechó sus últimas apariciones públicas para desafiar directamente el discurso que emana de la Casa Rosada.

“Vamos a demostrarle a Milei y compañía que no podrán borrar la memoria. Son un gobierno completamente negacionista”, declaró el pasado 24 de marzo, durante una multitudinaria manifestación con motivo del 50 aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976.

La Plaza de Mayo volvió a convertirse en el escenario central de aquella disputa. Antes del mitin del aniversario, Almeida habló con los periodistas y renovó sus críticas a la postura del gobierno ante la dictadura.

Al referirse a los hallazgos vinculados a víctimas del terrorismo de Estado en el ex centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, rechazó los intentos de relativizar los crímenes cometidos durante la represión ilegal.

“Pueden negar lo que quieran, pero miren esas 12 personas que se encontraron allá en La Perla. ¿Quiénes son? El veranito de Milei está llegando a su fin”, afirmó.

Horas más tarde, ante una abarrotada Plaza de Mayo, Almeida pronunció el discurso de clausura del acto aniversario.

“Somos el país del ‘Nunca más’ y del pañuelo blanco”, proclamó, antes de pedir a los presentes que alzaran fotografías de los desaparecidos hacia la Casa Rosada.

“Ese poder estatal que no los busca y al mismo tiempo los niega. Treinta mil detenidos-desaparecidos, presentes. Ahora y siempre”, afirmó.

El 17 de abril la Universidad de Buenos Aires otorgó a Almeida un doctorado honoris causa. La ceremonia, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, estuvo lejos de ser un acto puramente formal. Ante estudiantes, profesores y activistas de derechos humanos, la líder histórica de derechos humanos utilizó la plataforma para dirigirse a quienes consideraba herederos de una lucha que abarca medio siglo: los jóvenes.

“Activismo es compromiso. No hay que tenerle miedo a la palabra activismo. Ser políticamente activo es estar comprometido, el mismo compromiso que asumieron los 30.000 desaparecidos, el mismo compromiso que ya asumieron tantos jóvenes, y no tan jóvenes, que son nuestra esperanza. Ustedes son los que seguirán luchando por la memoria, la verdad y la justicia”, les dijo.

La ceremonia coincidió con la fecha límite para que el gobierno cumpla con la Ley de Financiamiento Universitario, en medio de crecientes tensiones por los presupuestos de la educación superior. Desde el escenario, Almeida criticó las maniobras oficiales para retrasar la implementación de la legislación y elogió el compromiso político de las generaciones más jóvenes.

Incluso hubo espacio para el humor, cuando una bandera ceremonial se cayó y aterrizó a centímetros de su cabeza. Riendo, ella respondió: “¡Esa es Milei!”.

También defendió la dignidad de los 30.000 desaparecidos: “Hoy en día hay personas que dicen que debió haber una razón por la que desaparecieron. Por supuesto que hubo una razón. No eran nadie ni tontos. Eran activistas políticos”.

Esa misma convicción recorrió sus últimas intervenciones públicas. Al comparecer ante la Comisión de Garantías y Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, donde los legisladores debatieron propuestas para castigar la retórica negacionista y las expresiones de odio de funcionarios públicos sobre el terrorismo de Estado y los crímenes de lesa humanidad, Almeida instó a los legisladores a acelerar la discusión de los proyectos de ley y advirtió sobre los peligros de relativizar los horrores de la dictadura.

“Este fue un genocidio que sufrimos, durante los años 1970 y parte de los 1980. Más que nunca, ustedes, como representantes del pueblo, deben aprobar urgentemente esta ley”, argumentó. “No se puede permitir que estas cifras deplorables sigan manchando la memoria de [her disappeared son] Alejandro y los 30.000”.

Consciente de que cada vez quedaban menos activistas de aquellos años oscuros con vida, Almeida convirtió cada mitin, entrevista y manifestación en un llamado a la renovación generacional.

“Ver a tantos jóvenes nos da aliento y esperanza, porque sois nuestros sucesores”, repetía.

Con frecuencia enfatizaba la urgencia de esa transición: “Sólo quedan tres Madres y dos Abuelas. Cuando nos vayamos, habremos pasado el testigo poco a poco. A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie”.

Frente a un gobierno que cuestiona parte del consenso democrático, Almeida se centró en transmitir un legado a una nueva generación. “Quedan muy pocas Madres y muy pocas Abuelas, pero estamos en paz porque tenemos activistas maravillosas entre los jóvenes y los no tan jóvenes”.

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Jorge Santoro

Jorge Santoro lidera el equipo editorial con formación en comunicación obtenida en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Se caracteriza por un criterio propio, atención al detalle y una mirada crítica que aporta profundidad y coherencia a cada contenido publicado.

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