España se une a Portugal y Marruecos para organizar la final de la Copa Mundial Femenina 2035

El deporte, en su esencia más pura, trasciende más allá de la simple competencia; es una narrativa vibrante que entrelaza el rendimiento, la técnica y el impacto social. En el mundo del fútbol, esta verdad resuena con especial fuerza, especialmente en la actualidad, donde el balompié femenino se encuentra en un momento histórico de crecimiento y reconocimiento.

Imaginemos, por un momento, la atmósfera electrizante de una final de la Copa del Mundo. El estadio, repleto, vibra con la energía de miles de aficionados. Este es el escenario que España, Portugal y Marruecos buscan crear juntas para la Copa Mundial Femenina de 2035. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF), bajo el liderazgo de su presidente Rafael Louzan, ha presentado una ambiciosa propuesta para acoger este evento que pone de relieve el auge del deporte femenino. Louzan, en un evento en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, expresó la importancia de visibilizar el deporte femenino a través de un evento mundial de tal magnitud. "¿Qué mejor manera de visualizar el deporte femenino que con la contribución del evento deportivo más importante que existe?", afirmó.

Este enfoque no es casualidad. La Copa Mundial Femenina ha crecido exponencialmente en popularidad, y no es solo una cuestión de cifras. En agosto de 2023, la selección española se coronó campeona del mundo al vencer a Inglaterra en una final que resonó en todos los rincones del planeta. Sin embargo, el triunfo no estuvo exento de controversias, ya que un incidente relacionado con el ex presidente de la RFEF, Luis Rubiales, y la jugadora Jenni Hermoso, dejó una sombra sobre el festejo. Este episodio solo subraya la complejidad del contexto en el que se desarrolla el deporte femenino, donde el éxito debe ser defendido y reivindicado en un entorno a menudo hostil.

El rendimiento en el fútbol femenino ha alcanzado niveles de excelencia que merecen ser destacados. La táctica, la estrategia y la preparación física son elementos que los entrenadores y jugadoras han perfeccionado. La entrenadora nacional, Montse Tomé, ha manifestado su entusiasmo por la posibilidad de que la Copa del Mundo regrese a España, resaltando que "sería una gran noticia si España pudiera ser una de las opciones para traer la Copa Mundial Femenina aquí". Este tipo de declaraciones no son solo sueños; son un reflejo del arduo trabajo y la dedicación que las atletas y sus equipos han invertido para elevar el nivel del juego.

La propuesta conjunta de España, Portugal y Marruecos no solo está orientada a aprovechar la infraestructura que se desarrollará para el Mundial Masculino de 2030, sino que también representa un esfuerzo por consolidar un legado en el deporte femenino en la región. La sinergia entre estos tres países puede establecer un nuevo estándar para el fútbol femenino, promoviendo no solo el deporte, sino también la igualdad y la inclusión. La RFEF ha asegurado que están recibiendo comentarios positivos en su búsqueda por este objetivo, lo que sugiere un compromiso colectivo para llevar el fútbol femenino a nuevas alturas.

El impacto social del deporte es innegable. Más allá de los goles y los trofeos, el fútbol actúa como una plataforma para abordar cuestiones sociales relevantes. La creciente visibilidad de las mujeres en el deporte desafía estereotipos y fomenta un cambio cultural. Cada vez más jóvenes se sienten inspiradas a practicar deportes, y cada victoria en el campo es un paso hacia la igualdad de género en todas las facetas de la vida. Las historias de jugadoras que superan adversidades, que luchan por ser reconocidas y que se convierten en modelos a seguir son testimonios de un movimiento en constante evolución.

El camino hacia el Mundial Femenino de 2035 es aún largo, pero la unión de España, Portugal y Marruecos es una señal clara de que el futuro del fútbol femenino es brillante. La FIFA tomará la decisión final en el segundo trimestre del próximo año, y el mundo estará atento. Mientras tanto, la historia sigue escribiéndose, y cada pase, cada gol y cada celebración es un recordatorio de que el deporte, en su forma más pura, tiene el poder de cambiar el mundo. Así, el balompié femenino se erige no solo como un espectáculo deportivo, sino como un símbolo de esperanza y transformación social en una sociedad que avanza hacia la igualdad.

Carlos