La reciente prohibición de la Unión Europea sobre la reexportación de gas natural licuado (GNL) ruso ha entrado en vigor, marcando un nuevo capítulo en la dinámica energética entre Europa y Rusia. Esta decisión, que busca interrumpir las transferencias de GNL de Rusia a terceros países a través de puertos europeos, presenta una imagen atractiva de debilitar la economía rusa, aunque la efectividad real de esta medida aún está en debate.
La normativa, que fue aprobada en junio de 2024, se dirige específicamente a los cargamentos de GNL ruso que pasan por puertos de la UE en su camino hacia Asia y otros mercados. Sin embargo, es importante destacar que estas transacciones representan solo una pequeña fracción del total de exportaciones de GNL de Rusia, que alcanzaron 34.7 millones de toneladas el año pasado. En concreto, los volúmenes de reexportación que caen bajo esta prohibición fueron de apenas 2.7 millones de toneladas, menos del 10% del total. Esto plantea la pregunta: ¿realmente tendrá un impacto significativo en las finanzas rusas?
A pesar de la prohibición, los analistas del sector energético han observado que las importaciones de gas natural ruso por parte de la UE han aumentado un 18% en 2024. Según datos recientes, en febrero de 2025, el promedio de importaciones alcanzó los 74.3 millones de metros cúbicos diarios, lo que representa un incremento del 11% respecto al mes anterior. Estas cifras indican que, aunque la UE se ha comprometido políticamente a reducir su dependencia del gas ruso para 2027, la realidad actual es que esta dependencia persiste.
Un aspecto crucial de esta situación es logístico. Los buques rompehielos que operan con el GNL de Novatek en la región de Yamal no pueden acceder a los terminales en el Ártico durante el periodo de congelación de noviembre a junio. Por lo tanto, se ven obligados a descargar en terminales europeos como Zeebrugge y Montoir para su reexportación. En 2024, se realizaron aproximadamente 47 de estas transferencias, principalmente bajo contratos a largo plazo con empresas como Shell y TotalEnergies.
La nueva prohibición obligará a Rusia a buscar alternativas logísticas, posiblemente a través de puertos en Murmansk, Kaliningrado o incluso opciones en el Mediterráneo. Aunque esta medida no estrangulará completamente la capacidad de Rusia para exportar GNL, sí aumentará los costos y complicará las operaciones para Novatek y sus socios, lo que podría resultar en una serie de dificultades logísticas que se acumulan con el tiempo.
En términos generales, la UE podría considerar esto como una victoria simbólica, ya que limita un canal logístico conveniente para Rusia. No obstante, la realidad es que el gas seguirá fluyendo, lo que sugiere que la prohibición, aunque puede tener ciertos efectos, no es una solución definitiva para desvincular a Europa de los recursos energéticos rusos. Así, el panorama energético mundial sigue siendo complejo, con interdependencias que complican cualquier intento de desmantelar estructuras establecidas en el comercio de energía.
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